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Los jabones caseros se elaboran mezclando aceites y mantecas con agua y sosa en la proporción idónea. Parte del agua que utilizamos para elaborar la receta pueden ser aguas florales, hidrolatos e incluso leche en polvo diluida. De esta forma conseguiremos unos jabones naturales, con una pizca de perfume y con múltiples beneficios para la piel. En esta sección encontrarás una amplia selección de leches, aguas e hidrolatos para jabón casero.
Las aguas florales e hidrolatos se obtienen al destilar las plantas y se utilizan no sólo para perfumar el jabón, sino también para aportarle propiedades. Se trata por tanto de aguas aromáticas que además aportan beneficios a la hora de cuidar y limpiar nuestra piel. Aquí podrás comprar agua de rosas, de azahar, de hamamelis, de melisa o de neroli; o hidrolato de mejorana, ciprés, lavanda, romero o tomillo.
¿Cómo se añaden estas aguas o hidrolatos a la receta del jabón? Se incorporan a la traza, es decir, una vez que los aceites y la sosa y el agua ya están mezclados. ¿Por qué así? Porque la temperatura ha descendido, y es que el calor que genera la sosa cáustica en contacto con el agua acabaría con sus propiedades. A la hora de incorporar estos ingredientes líquidos es importante tener en cuenta que, para que la receta funcione, la cantidad que añadimos de agua floral o hidrolato se debe descontar del total de agua que necesita la fórmula. Solo así conseguiremos que el jabón saponifique.
En Gran Velada también ponemos a tu disposición varias leches, como avena, cabra, coco o burra que aportarán suavidad y cremosidad a los jabones. Por ejemplo, en nuestros blogs encontrarás una receta para hacer jabón de leche de burra, ingrediente que ya usaba Cleopatra en su rutina de belleza. La leche en polvo se puede incorporar directamente a la traza del jabón o disolverse en un poco de agua. Si la cantidad de agua utilizada es significativa, es necesario restarla de la suma total de la fase acuosa. Si la leche es líquida, se añade a la fase acuosa como si fuera agua destilada.